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Había
una vez un país en el que los autores de repertorio musical ,
como los toreros, pasaban de la fama y grandeza a la miseria. Eran
tiempos de carruajes de caballos y chinches en las camas. Los autores
constataron que la fortuna, sin la protección de los nobles,
era esquiva, Y que quedaban abandonados a su suerte si no estrenaban
regularmente en alguno de los teatros y teatrillos de las ciudades, o
también, en los duros momentos de enfermedad y vejez.
Conociéndose
como se conocían, decidieron auxiliar a los más
desfavorecidos creando una “caja de fondos” con una parte de los
ingresos que la reproducción y ejecución de una obra
artística producía. Esa caja de fondos debía
servir para ayudar a los desfavorecidos, y premiar a la vez, la obra
de éxito, dando al autor una cantidad adicional cuando una
orquestina reproducía, en un pueblo, esa obra.
También
había de servir para el sostenimiento de las inconsolables
viudas, habitualmente jóvenes, e hijos, naturales o no, que
comían del trabajo del autor. Se estableció que la
protección duraría la vida del autor y sesenta años
más.
Esa
filosofía medieval, (la propiedad de los conocimientos son
del gremio y de sus agremiados) enlazó con el espíritu
liberal que florecía en los Estados Unidos, donde lo que
prevalecía frente a todos y a todo era la propiedad; de las
cosas y de las ideas. En aquellos tiempos, el propietario estaba y
aún está legitimado a usar la violencia para defender
su propiedad. Mucho se ha escrito del nacimiento de Holywood, donde
se tuvieron que refugiar los primeros cineastas huyendo de los
matones de Thomas Edison. Cosas e ideas que eran, además,
objeto de libre compra y venta. Son los tiempos del nacimiento de la
“propiedad Intelectual”.
Eran
tiempos y sociedades aquellas que al ciudadano no se le reconocía
el acceso general a la cobertura sanitaria , sin seguridad social
obligatoria de profesionales y trabajadores, sin ley de dependencia,
ni jubilación o seguro de accidente y enfermedad .... sin
ningún tipo de medio de comunicación más que los
periódicos, diarios y libros que podían leer menos del
1% de la población. El analfabetismo era la norma.
Con
la generalización ese liberalismo salvaje, esa “caja
gremial” se convirtió en el “derecho de copia” (en
inglés copyrigh) desapareciendo en su mayor parte la idea
social inicial. El que tenía más obras representadas, o
reproducidas.. esos eran los que debían percibir los derechos
generados.
Si
hubiésemos de definir con una frase esa etapa de la historia
sería “el que tiene la información (la propiedad de
medios e ideas) tiene el poder”.
El
inicio del siglo XX comporta la irrupción de tres medios que
cambiarán la sociedad. La gramola (el disco de piedra y
después de vinilo), la Radio y el Cine.
Con
esas herramientas, y la progresiva culturalización de los
ciudadanos, la reproducción de las obras empieza a crecer
exponencialmente. Artistas y ejecutantes se suman a los autores y
escritores, Ahora todos ellos quieren beneficiarse de ese nuevo
mundo. Es el momento en el que aparecen las entidades de gestión
de derechos intelectuales, pensadas como herramientas de recaudación
antes que nada.
Pero
el mundo en armas y su posguerra ha pasado. La sociedad está
ya en ebullición y estas entidades se intentan adaptar a los
tiempos cada vez más cambiantes. Los jóvenes aparecen
como los grandes consumidores masivos de obras sujetas a copyrigh. Es
la época del vinilo, el tocadiscos casero, los guateques y por
derivación, las primeras discotecas. Todos estos nuevos medios
tenían una característica; El poder de hacer copias de
las obras no ejecutadas en directo estaba reducido a unos pocos...
hasta que llegó el “casette”.
Con
él ya no era preciso adquirir una copia nueva cada vez que se
quería duplicar una obra, sencillamente, se copiaba “el
casette”. Este nuevo invento, antecedente del vídeo,
multiplicó aún más si cabe el crecimiento
exponencial de la reproducción de obres sujetas a propiedad
intelectual. Las sociedades de gestión se adaptaron, apareció
la idea del canon, que era una pequeña cantidad que se pagaba
al adquirir el soporte destinado exclusivamente a reproducir obras
musicales o videográficas.
Pero
el mundo cambió. Los ordenadores dejaron de llevar bata blanca
y llegaron a manos de los jóvenes, y estos jóvenes
empezaron a conectarse entre ellos. Internet paso a ser la principal
herramienta de transferencia de información y de Ideas.
De
golpe, la información y su control ya no era el privilegio de
unos pocos. La democracia social que plantea nuestra constitución,
es interiorizada por los ciudadanos, que empiezan a trabajar de
manera colaborativa, a la par que se extienden los derechos sociales
que habían sido el motivo primigenio de la creación de
la protección de la propiedad intelectual. Crece ahora
exponencialmente la capacidad de guarda y acceso a la información.
A toda la información. La gente de la informática se
apunta, también al carro de la propiedad intelectual.
A
finales de los ochenta cuentan que, en una universidad americana, un
joven profesor, al instalar una impresora, grande y cara, necesitaba
configurarla. Su proveedor le pidió por el “driver” una
cantidad que le pareció abusiva. El proveedor le amenazó,
además, de demandar a la universidad si éste copiaba de
otro usuario dicho “driver” ya que éste era propietario
del “copyrigh”. El joven profesor se hizo cruces, ya que había
ayudado generosamente al proveedor en la elaboración de
“drivers” anteriores. El profesor, acostumbrado ya a trabajar
colaborativamente, decidió elaborar él mismo dicho
programa y “colgarlo” gratuitamente, para que quien lo
necesitase, lo cogiera. Ese joven profesor se llama Stalman. De golpe
la “red” empezó a trabajar colaborativamente en aquello
que esos profesores, casi jocosamente. llamaron “copyleft”, en
oposición al copyrigh. (left=izquierda, righ= derecha). De esa
nueva filosofía han nacido las llamadas licencias libres,
siendo unas de las más conocidas, las llamadas “creative
commons”.
¿Y
esa filosofía de compartir sin cobrar ha tenido éxito?
Pues valore Vd. mismo, querido lector. Funcionan con software libre,
nuestro Congreso de diputados, la Casa Real, todos los ministerios,
el Consejo general del Poder Judicial y hasta el Consejo de Estado.
Sólo en myspace ya hay colgados más de 2.000.000 de
temas musicales. Youtube recibe más de 40.000 videos diarios
de autores que QUIEREN QUE NO SE COBRE POR COPIAR SUS OBRAS. La nueva
tecnología permite el control directo del autor reproducción
a reproducción, obra a obra, y por lo tanto decidir si quiere
cobrar y cuánto en cada caso. Vamos, que hasta los servidores
de las entidades de gestión españolas usan material
libre.
La
nueva sociedad digital, pide nuevos modelos de gestión de la
propiedad intelectual, que potencien la inteligencia común y
que dejen de ser meros recaudadores burocráticos.
Exgae
es una apuesta desde los creadores y por los creadores de retomar el
destino de sus obras, de aprovechar y decidir, en cada caso a qué
se dedican y cual ha de ser la remuneración. No es concebible
en el siglo de las autopistas de la información que los que no
quieran que se recaude por su obra, no puedan permitirlo, y que haya
autores que tampoco perciban porque las entidades de gestión,
aunque recaudan, no les dan ese derecho.
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