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Una
premisa reconocida y proclamada “urbi et orbe”: en un estado
democrático es de que éste debe velar por la protección
de los derechos humanos de todas las personas. Y para que esto sea
así, todas sus instituciones deben hacer gala de un respeto
exquisito hacia los derechos de los individuos. Nadie opone nada a
este argumento que es aplicable, también, a los ciudadanos de
éstas en su relación de los unos con los otros.
De
igual manera, nadie dice COMO deben respetarse estos derechos cuando
se llevan a cabo funciones de carácter “preventivo o
coetáneo” que continuamente los rozan, cuando no, los
conculcan directamente. Nadie. Ni los juristas, salvo alguna honrosa
excepción, ni sociólogos, ni psicólogos, se
pronuncian al respecto. Quizás el gran debate pendiente en
nuestra sociedad es el uso de la llamada “fuerza preventiva”.
Como muestra
un botón: En
una reciente entrada y registro de la policía en la casa de
unos presuntos delincuentes, ésta se filma en vivo, i se “pasa
por televisión”. Todos vemos al PRESUNTO mafioso en
calzoncillos sentado en el suelo esposado convenientemente… pero
... ¿y si por aquellas circunstancias alguien demostrara que
es inocente….¿no se habría violado su derecho a la
intimidad?...¿o es que la orden judicial ya decía que
el registro sería publico, notorio y en calzoncillos?
Y
no digamos de las notas de prensa que se han acostumbrado a emitir
los diversos departamentos de las fuerzas y cuerpos de seguridad,
destinadas más a conseguir las primeras páginas de
periódicos y tratar de justificar sus más que abultados
presupuestos, que a preservar los derechos de los “PRESUNTOS”,
que los tienen.
Si
una persona es autora de un ilícito penal, una vez juzgada,
que sea condenada; pero que sea el Juez quien lo condene. No las
imágenes, ni tampoco las circunstancias. La universalización
de las imágenes del “presunto” es una pena añadida
que no está en ningún código penal de un país
democrático. No debemos ni podemos caer en la banalización
del derecho a la imagen que los medios de comunicación y
personajillos de la farándula han propiciado. Actualmente,
salir al ciberespacio es quedar “retratado” de por vida.
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