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¿Recuerda la última vez que fue a comprar en su supermercado?... Si al pagar en la caja, la indiferente cajera le preguntara su dirección, fecha de nacimiento, dirección de correo electrónico y si a usted le interesa la música o el deporte, o si trabaja en una empresa con más de 5, 25 o 100 trabajadores, cuántos son en su casa, además de apuntarse su número de VISA, ¿no se habría ido ofendido?
Sin embargo, no nos preocupa dar éstas y muchas otras informaciones cuando compramos por Internet, nos suscribimos a un diario digital o a un servicio de email.
¿Ha utilizado alguna vez Google Earth? Es un ingenioso programa que le permite sobrevolar el mundo y descender a cualquier punto para verlo en sorprendente detalles.
Cualquier persona que sepa su dirección puede averiguar en la versión de pago, cuántos autos tiene, de qué color son, si hay una piscina en su jardín y en qué entorno están situadas sus propiedades.
Y si usted no le pidió permiso al Ayuntamiento para hacerse una pequeña modificación a su casa, se pueden enterar ya sin tener que salir ni a la calle.
Por ahora, todo esto nos parece muy bien, pero ¿qué pasará dentro de cinco años, cuando todos los teléfonos celulares tengan una cámara y un programa de reconocimiento facial que se pueda comunicar con una poderosa base de datos que le diga en instantes quién es usted, a quién puede llamar, a quién no y qué límite de crédito tiene?
¿Deberíamos comenzar a preocuparnos?
'No necesariamente' fue la respuesta de la mayoría de los participantes en una sesión del Foro Económico Mundial, llamada 'La privacidad: era buena mientras la teníamos'. Eso quiere decir que ahora ya no es un valor en cotización, ahora está en camino de convertirse en historia.
Porque nos insisten que la pérdida de la privacidad también puede implicar grandes ventajas.
El Corte Inglés, o Amazon.com le pueden decir a usted qué tipos de libros o de música le interesa y ya no es necesario “gastar” su “valioso” tiempo escribiendo una y otra vez los números de la tarjeta de crédito.
Incluso puede ayudarnos a poner en orden nuestros problemas financieros. En algunos países, obtener una hipoteca o un crédito para comprar un coche se puede hacer en apenas 15 minutos a través de Internet porque alguien, en alguna parte, conoce su muy privado historial crediticio y lo comparte con el banco del que usted desea la financiación. Y nos sentimos importantes, nos alegra porque es cómodo. Pero antes hemos cedido alegremente nuestra información privada recibiendo, eso sí, algo a cambio, por ejemplo, bonos de promoción de un servicio naciente, como por ejemplo para poder apostar desde casa en “www.miapuesta.com”.
Los de los pueblos se trasladaron a las ciudades para ganar privacidad, ¿Es que estamos volviendo a esos campesinos que conocen, hasta en los más íntimos detalles, la vida de todos sus vecinos?
El único problema es que en esta ciber-aldea vivimos ahora varios miles de millones de personas y que de la información se benefician unos pocos.
Muchos de los que participaron en el debate son expertos de la industria y dicen que es sorprendente que en la actualidad se recopilen tantos datos y se usen tan pocos. Según un asesor de la industria de Internet, estas compañías 'poseen Terabytes de datos pero no saben qué hacer con ellos, ni para ayudar a los clientes ni para su propio beneficio'. O sea, que no vivimos en sociedades parecidas a la de la novela '1984' de George Orwell. Todavía, pero nos están naciendo centenares de “Grandes Hermanos”.
No hace falta más que consultar por Internet cualquier empresa especializada en búsquedas y por apenas 20 Euros podrá obtener los detalles más íntimos de la mayoría de la gente.
¿Sabe que en la Unión Europea las redes de telefonía móvil tienen que mantener información sobre todas las llamadas y todos los movimientos de su teléfono mientras estaba encendido?
'Todo lo que sea digital se registrará, potencialmente se almacenará y probablemente se mantendrá por mucho más tiempo de lo que usted piensa', dijo un fabricante de bases de datos. Y es mejor que no hablemos de las bases de datos de ADN.
En última instancia, tal vez no se trate de la privacidad. Quizá lo único que nos quede sea preguntarnos si todos estos datos nuestros se almacenaran en un lugar seguro o si alguien los puede robar o usarlos indebidamente.
En China, recientemente las autoridades obligaron al buscador en Internet Yahoo a comunicarles la identidad de un crítico del gobierno. Al fin y al cabo, es una cuestión de confianza. ¿Confía en quienes tienen almacenados sus datos? ¿Sabe qué quieren hacer con ellos?
A la mayoría de la gente parece que le importa un bledo. Ven por televisión el programa “Gran Hermano”, se sienten que son “gran Hermano” mientras olvidan que son ratoncitos tan transparentes i rústicos como los que hay dentro.
Y es que por la comodidad lo sacrificamos todo. Hace poco, un sitio Web puso una nota junto a su cláusula de privacidad en la que ofrecía una recompensa de 5.000 dólares a quien leyera el documento hasta el final. Unos 3.000 clientes usaron el servicio hasta que una persona leyó la nota y reclamó el premio.
Pero en Davos, por lo menos, este año la privacidad se ha mantenido. Gracias a las reglas de protección del Foro Económico Mundial para determinadas sesiones, no se puede identificar a los participantes en este debate.
Poco a poco, Internet nos está robando la privacidad. ¿Y eso es bueno o malo? No lo sé, la verdad, es que soy tan comodón,,,
Josep Jover
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