Ningún medio de comunicación puede, en un Estado de Derecho, ciscarse en aquello que debería serle más necesario y sagrado, la libertad de expresión, usando ésta como camuflaje de la calumnia, la mentira y el sectarismo fanático. Sin embargo, a la vista del incidente diplomático creado por los 'humoristas' de un programa matinal de la COPE al suplantar la personalidad del presidente del Gobierno español en una llamada telefónica a su homólogo electo de Bolivia, señor Morales, no sólo parece que el medio de comunicación que ha dado cobertura al desafuero puede, sino que encima invoca la libertad para justificarlo plenamente, como si la libertad fuera compatible con los desafueros.
El derecho de los medios a la libertad de expresión ha de compaginarse con el derecho de los ciudadanos a no ser vilipendiados, ofendidos o engañados por ellos. Ocurre en este caso, cuando se les señala como destinatarios de esa 'broma' que, sobre suplantar a Zapatero en el ámbito de las relaciones internacionales, menosprecia a Bolivia, en la persona de su presidente electo. Remitir a los tribunales de justicia el discernimiento del caso equivaldría a desconocer el rango y el valor del único tribunal competente al respecto, el de la conciencia, la deontología y la profesionalidad de cuantos tenemos el privilegio de vivir de este oficio.
Enemigo radical de cualquier tipo de censura o de control gubernamental de los medios, ello no empece para que distinga entre opinión e insulto, entre información e infundio, entre humorismo y malaje. La opinión, la información y el humor nos hacen más libres, en tanto que el insulto, el infundio y el malaje nos encadenan a la tiranía del miedo.
Rafael Torres : La Opinión de Málaga